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¿Jefes de Partidos?

Escrito por   /   25 septiembre, 2006 a las 2:14 pm /   Sé el primero en comentar

Gilberto Pérez Castillo

Aunque se mantendrán al frente de sus respectivos partidos por un buen tiempo, lo cierto es que a Eduardo Rosales, a Javier Galván y a Gabino Berumen les costará mucho trabajo imponer su autoridad al interior del PAN, PRI y PRD. Sobre todo, les costará más trabajo conseguir que quienes resultaron electos a través de sus partidos les hagan caso.

Nos obstante que seguirá siendo el presidente del partido en el poder, a Eduardo Rosales, dirigente estatal del PAN le será muy difícil imponer una visión y una decisión de partido a los próximos gobiernos estatal y municipales panistas y a los legisladores locales y federales que representarán a ese partido.

Al PAN, como a los otros dos partidos, le ha faltado crear normas internas eficientes para conseguir que el peso y los intereses del partido sean suficientes para meter en cintura a los funcionarios públicos que llegan al poder por los colores panistas. Y no obstante que es el partido que más ha avanzado al respecto, parece ser que las sanciones que tiene a la mano la dirigencia panista, incluida la expulsión, ya no son suficientes para doblegar a los insumisos ni a los rebeldes.

Súmese a lo anterior que en el equipo cercano al gobernador electo Emilio González Márquez no se le ve a Eduardo Rosales como a un dirigente de partido que jugó afín al equipo ganador. Además, la vida interna del PAN se ha vuelto tan compleja, después de 12 años en el poder en Jalisco, que los diferentes grupos se resisten a reconocerle toda la autoridad al actual presidente estatal panista, como para hacerle caso en sus decisiones.

Eduardo Rosales tendrá frente a sí a un gobernador fuerte y dos ex gobernadores panistas activos políticamente, a alcaldes poderosos y jugando sus propios proyectos políticos, a grupos políticos internos desgarrándose para quedar lo mejor posicionados en las próximas elecciones y a numerosos políticos panistas más inclinados al pragmatismo que a las cuestiones ideológicas o programáticas. Y en ese ambiente, imponer las visiones del partido será prácticamente imposible.

Por su parte, Javier Galván, el presidente estatal del PRI, no obstante el re posicionamiento que alcanzó en las últimas semanas para seguir al frente del partido, se verá incapaz para lograr que los legisladores, alcaldes y regidores priistas le hagan caso. En ese sentido, será un dirigente débil en cuanto interlocutor de los gobiernos del PAN, al no poder asumir compromisos que pueda traducir en hechos reales.

Galván difícilmente podrá imponer su voluntad entre sus próximos compañeros diputados locales, como tampoco la podrá imponer entre quienes serán legisladores federales, presidentes municipales o regidores en la oposición.

Además, su período terminará en el 2008, un año antes del proceso electoral, por lo que su influencia será nula o mínima a la hora de decidir quiénes serán los candidatos dentro de tres años.

Finalmente, juega en contra de Galván el que no ha logrado convencer a sus compañeros de partido de que cuenta con las capacidades y las habilidades suficientes como para dirigir los destinos del PRI en el estado.

Para Gabino Berumen las cosas no pintan mejor en el PRD.

En primer lugar, dentro de ese partido hay una influencia muy grande del grupo político que encabeza Raúl Padilla López, misma que tendrá que considerar la de quienes manejan en el estado las llamadas Redes por AMLO; grupos que decidirán lo importante y trascendente del partido. En ese sentido, le corresponderá al dirigente formal del PRD en Jalisco ser el ejecutor o el administrador de decisiones que tomen otros.

En segundo lugar está la influencia que sobre él tiene el próximo diputado local perredista Samuel Romero Valle, quien ha sido siempre su jefe político.

En tercer lugar, juega en contra de Gabino Berumen, el distinto origen de quienes serán legisladores, alcaldes y regidores por el PRD, mismos que atenderán las directrices de los grupos que los impulsaron, por encima de las de la dirigencia estatal partidista.

Además, al igual que el caso del Javier Galván, Gabino ya no será el dirigente cuando llegue la hora de decidir a los candidatos del PRD para las próximas elecciones.

Por eso es de considerarse que el poder y la influencia que tendrán los dirigentes estatales de los tres partidos políticos más importantes en el estado será bastante limitada. *Publicado en el Semanario Crítica el 25 de Septiembre de 2006.

Acerca del Autor

Gilberto Pérez Castillo

Consultor en Comunicación Política

Asesor en Estrategias de Comunicación. Periodista. Aficionado a libros, gastronomía, vino y café.

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