Conocí a Remberto Hernández Padilla en 1985 cuando comencé a cubrir las “fuentes” federales en el periódico Ocho Columnas. Entonces él era director de Comunicación Social de la delegación de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y siempre cumplió como tal. Nunca negó una información, nunca obstruyó el trabajo de los periodistas. En mi caso, fue un orientador inicial del trabajo de la delegación y llegó el momento en que me confió un buen número de exclusivas.
A Mario Hernández Márquez, a quien todos conocíamos como “El compadre”, lo conocí como se conoce a todos los buenos periodistas: reporteando; lo mismo la “fuente” de la iniciativa privada que la del Ayuntamiento de Guadalajara, Gobierno del Estado o el Arzobispado de Guadalajara. Siempre con la clásica libreta en manos, la pluma o el lápiz “descansando” en la oreja, que rápidamente “desfundaba” cuando de tomar nota se trataba. Su peculiar forma de preguntar, sencilla, simple y hasta en ocasiones parecía estar bromeando, contenía finalmente mucho fondo, porque lograba “destantear” al entrevistado.
Al “Compadre” lo veíamos siempre “a la carrera”, “de prisa” -“hay mucho trabajo, compadre”, solía decir cuando lo veíamos “de entrada por salida” en los eventos o ruedas de prensa-. Pocas veces se quedaba “a la sobremesa” informativa. Y es que reportear y hacer la labor de Jefe de Información del periódico “El Occidental” no era cosa fácil.

Remberto Hernández y Mario Hernández compartían no solamente su primer apellido, sino la vocación y pasión por el periodismo; aquel periodismo de la “talacha” diaria, aunque cada quien desde su muy particular trinchera. Los dos marcaron una época en el periodismo jalisciense y dejaron una huella que queda para la historia.
Hernández Padilla se colocó en la defensa de la libertad de expresión y de la labor del periodista desde el Colegio de Periodistas de Jalisco, del que fue presidente vitalicio; Hernández Márquez se dedicó a ejercer esa libertad desde la redacción, tecleando aquellas viejas máquinas de escribir mecánicas, tomando nota en las famosas libretas de taquigrafía y caracterizándose por algo que muchos no pudimos imitar y cedimos a la tentación: nunca utilizó una grabadora para reportear. Las entrevistas, las ruedas y conferencias de prensa eran “a mano”, aunque a veces él se reía de sí mismo porque llegaba a no entender parte de lo que había escrito. Incluso, llegaba a escribir en servilletas cuando a medio evento se le acababa el espacio en la libreta

Remberto Hernández cumplió 87 años apenas el pasado viernes y 24 horas después falleció. Mario Hernández falleció ayer a los 85 años de edad. El periodismo jalisciense pierde a dos excelentes periodistas de la vieja guardia, de aquellos que hicieron y dejaron escuela. El gremio está doblemente de luto.
Descansen en paz Remberto y “El Compadre”.
P.D. Marcatextos hará una pausa por estos días navideños. Nos leeremos el próximo lunes 29, en vísperas de despedir el año.
A todos nuestros lectores y seguidores… ¡Feliz Noche Buena y una mejor Navidad!