Anteayer martes el periódico El Informador publicó a ocho columnas que “Lemus llama a líderes a cerrar filas por seguridad”. Y en el cuerpo de la nota dice: “Ante el silencio de líderes empresariales y sociales frente a los recientes hechos de violencia en Jalisco, así como a la detención del alcalde de Tequila, Diego Rivera, el gobernador hizo un llamado público a cerrar filas en torno a la seguridad y a asumir una participación más activa en este tema”.
En el siguiente párrafo se lee: “Rechazó que exista una ‘línea’ o instrucción desde el Gobierno para que cámaras empresariales y consejos ciudadanos eviten pronunciarse sobre temas sensibles, como los protocolos de atención y hechos de alto impacto. Sin embargo, consideró necesario que estos liderazgos se involucren de manera abierta y constante, particularmente en momentos que generan incertidumbre social…”.
En líneas posteriores, la nota del matutino añade: “El llamado del Ejecutivo ocurre luego de las balaceras en la ciudad, dirigidas contra hombres identificados como empresarios, que dejaron un saldo de cinco personas muertas y al menos 10 lesionados. Estos hechos, sumados al mutismo de las cúpulas empresariales y organizaciones civiles, reavivaron el debate sobre la normalización de la violencia y la ausencia de contrapesos sociales en materia de seguridad”.
Y luego apunta: ” Especialistas han advertido que la falta de posicionamientos públicos debilita la exigencia de una coordinación efectiva entre autoridades, particularmente en contextos donde los protocolos de reacción y el uso del sistema de video vigilancia son cuestionados…”.
¿Por qué las “cúpulas” del sector privado no se pronuncian ante los hechos de violencia ya tan comunes en las calles de la zona metropolitana, principalmente? Por tres simples razones: 1. Por miedo, por temor; 2. Porque desconfían de la capacidad y efectividad de su gobierno, de las autoridades, para hacer frente a la inseguridad; y 3. Porque las dejaron mal acostumbradas en el sexenio pasado y en el actual no es diferente, porque si tenían que hablar era solamente para decir cosas que “endulzaran” los oídos en Casa Jalisco, donde siempre fueron bienvenidas las loas y las alabanzas, pero nunca las críticas. Y ahora el escenario no es diferente.
¿Por qué los empresarios callan y se resisten a “asumir una participación más activa en este tema” como se los demanda Lemus Navarro? Porque ante hechos de alto impacto ya tan comunes en avenidas y plazas comerciales concurridas de la metrópoli, el Gobierno del Estado y las autoridades municipales también callan, recurren al síndrome del avestruz y “esconden la cabeza” debajo de la tierra, mientras murmuran que “se matan entre ellos”, que las víctimas “no son empresarios” y se desatienden de estos hechos de sangre en los que, coincidentemente, el sistema de videovigilancia, el cuestionado “C5”, nunca funciona y, además, nunca hay detenidos, aunque en primera instancia cualquier asesinato o ejecución en un delito del fuero común.
¿Qué ha sucedido, qué han informado las autoridades estatales, sobre el asesinato de tres empresarios tequileros ocurridos en los últimos tres años? El de Fernando Rubio Cuéllar, propietario de la destilería Rubio, sucedido el 22 de septiembre de 2022, en la carretera a Nogales, rumbo a Nayarit. El de Carlos Enrique Newton Frausto, sucedido el 28 de junio de 2024 en el estacionamiento de una plaza comercial en la zona financiera de Guadalajara, Y el de José Adrián Corona Radillo, presidente del Grupo Corona, ocurrido el 27 de diciembre de 2025, en el municipio de Atenguillo.
¿Por qué los empresarios callan? Porque alguna vez el Gobernador del Estado reconoció públicamente que la Fiscalía del Estado estaba “infiltrada” por el crimen organizado y jamás informó, ni el actual ha informado, que se realizó exitosamente ya una “limpia”.
Así de sencillo: Las “cúpulas” empresariales no tienen una participación más activa en el tema de la inseguridad, como se los reclama Jesús Pablo Lemus, porque el miedo y la desconfianza en las autoridades provoca silencio. Nada más por eso.