Por Luis Miguel Hernández
La semana pasada pudimos observar los diferentes puntos de vista sobre un hecho que destacó en el entorno político nacional: El PAN relanza su oferta política y con ello se abre un amplio y en ocasiones profundo debate sobre el hecho, sus causas y consecuencias. Las opiniones no podrían ser más disímbolas, pasando desde el escarnio de algunos, los reclamos airados de otros, hasta el análisis queriendo, como en el caso de Viridiana Ríos, buscar un sustento histórico, y atribuyen erróneamente a Manuel Gómez Morín la aportación de humanismo católico a la doctrina del partido de Efraín González Luna.
Las descalificaciones y desconfianzas plasmadas en medios y redes sociales rebasan la casualidad, parecen demasiado a tono como parte de un arreglo orquestal que tiene ecos especialmente profundos si miramos los resultados electorales en Argentina, en evidencia de un concierto para negar el fracaso que el populismo enfrenta en todo el mundo.
Esto pone en evidencia que, a pesar de los más de 85 años de historia del Partido, el más longevo de México, poco es lo que se conoce de su tradición, su historia y su papel en el México post-revolucionario y moderno; pero para entender en su complejidad el planteamiento que hace su actual dirigencia debemos reconocer que Acción Nacional permanece en sus principios, doctrina y postulados, por lo que debemos de analizar la idea del “Relanzamiento”.
Necesitamos -antes que entender las consecuencias políticas- enfocarnos en lo que consiste un relanzamiento. Este concepto viene de la mercadotecnia más clásica y se refiere a la serie de acciones para actualizar y modificar la presentación de un producto o servicio que por alguna circunstancia ha perdido terreno en el mercado.
Bajo las reglas mercadológicas, el producto que no cambia ya no logra tener una presencia sólida entre los consumidores -votantes; que carece de una adecuada promoción, pues no logra convencer a un amplio sector de la sociedad; que solo observa la ineficiencia autosatisfactoria que detiene las esperanzas de crecimiento ordenado de nuestro país, alto precio que estamos pagando todos.
En este orden de ideas, lo que se volvió imperativo fue que el PAN asumiera los errores cometidos por sus gobiernos y dirigencias que tuvieron como consecuencia su aislamiento de las necesidades, anhelos y requerimientos de la sociedad mexicana. Ante este fracaso, marcado en primera instancia en un partido que se avergüenza de un gobierno federal que hizo de la defensa de la Seguridad y el Estado de Derecho su principal misión y que tomó decisiones como el Pacto por México y la ridícula alianza electoral con el PRI. Lo que el PAN realizó fue mirar a sus orígenes y el proceso por el cual dejó de ser el dínamo de la democratización y la vida institucional de México para entrar en un concubinato con su adversario eterno.
Este relanzamiento implica, en primer lugar, una reconciliación con la ciudadanía, una actualización de su forma de comunicar y de cómo lo que el PAN ha sido desde sus orígenes sea útil de nuevo a los ciudadanos de bien, que siempre estuvieron de su lado y a los que abandonó. Un ejercicio en el que la militancia debe entender aquello que siempre ha estado presente en el ideario del partido: al panista le corresponde ser trigo en el molino de la historia; esto es un trabajo constante e incansable para buscar aquello que es mejor para México.
Un gran esfuerzo ciudadano en su origen y objetivos, que es la puerta abierta para todos los hombres y mujeres que quieran aportar y dar la cara por una nación posible, en la que cada uno tenga un lugar, una posibilidad de desarrollo y una responsabilidad compartida. Ciudadanía y no santones iluminados, caciques con bastón de mando, como protagonista del debate público.
Comprender que los partidos no son patrimonio de algunos, sino que simplemente son la vía constitucional que tienen los ciudadanos para participar de la vida política; que no son patentes de corso o fábricas de cargos, sino que su función es más simple: procurar que se represente con mayor claridad y definición la pluralidad de opiniones, expresiones y condiciones que se conjuga en lo que llamamos México.
En su propuesta, Acción Nacional habla de libertad; libertad que surge de la dignidad inherente a todos los individuos en su calidad de personas humanas. Esta idea permanece y debe de ampliarse poniendo la cara a un gobierno que aspira a coptar con dádivas la voluntad de los mexicanos sin poner reparo en lo que esto impacta al desarrollo nacional; un gobierno que ha demolido la división de poderes, anulado el esquema institucional de contrapesos al Poder presidencial, arrasando con el Estado de Derecho y de forma constante y persistente cada día estrangula y reduce las libertades de que debemos gozar quienes habitamos en el territorio mexicano; que amenaza la libertad de opinar, de publicar y de cuestionar, y que se ven acotadas con normas y linchamientos virtuales y discursivos.
México exige hoy una defensa de las libertades fundamentales, de la vida que está amenazada no por el estado, sino por poderes salvajes que son ajenos a cualquier estructura pública, que también tienen secuestrada la libertad de tránsito, la libertad de empresa. Hoy la política de abrazos con los grupos criminales ha puesto en jaque a la mayoría de las comunidades de México.
Las libertades que deben defenderse van más allá: la libertad de asumir una identidad, de elegir un futuro, de que no exista discriminación por género, origen étnico o religión; la libertad de ser, de hacer, de estar, son elementales, pero hoy como nunca en generaciones está en riesgo la libertad de tener, de propiedad, de patrimonio y de herencia… es así que la lucha por la libertad es luchar por la posibilidad de que los mexicanos sean dueños de su presente y su futuro.
Los ciudadanos debemos de tener la claridad de que la familia, de la que habla esta propuesta del PAN, no es la idea clerical de una familia tradicional, nuclear, compuesta por Padre, Madre e hijos, sino que su visión se ha ampliado para reconocer que más del 60 % de las familias del alumnado escolar tienen una conformación y una estructura diferente, familias monoparentales, familias integradas por tíos y sobrinos, por abuelos y nietos, esquemas de relación familiar que son la realidad de la mayoría de los mexicanos y a los cuales excluye la definición de familia que proponen algunos con la bendición de Don Juan y que el PAN, como una opción que busca encontrarse con el mayor número de ciudadanos y ciudadanos, debe dejar atrás para responder de forma efectiva a los retos de la vida familiar de todas las familias, sin discriminar, sin juzgar, sin cuestionar.
La Patria, ese concepto tan vapuleado por las acciones del gobierno actual y el anterior, tan amenazado desde el exterior y que en cada municipio ha sido tomado por organizaciones delincuenciales que han arrebatado a los mexicanos ese espacio en el que termina la familia y la patria empieza. Hacer patria es rescatar con firmeza aquello que el PAN reconoce como el espacio en el que se vive la democracia: el Municipio libre.
Esa Patria que en las entidades federativas está condicionada a la voluntad presidencial, en la que las acciones públicas, los caminos, la infraestructura, los apoyos a los sectores productivos exigen algo más que las miserables lentejas presupuestales que les son regateadas desde Palacio Nacional, dejando de lado que la producción de la riqueza está en la iniciativa de los habitantes de esas entidades y que merecen y exigen condiciones de respeto, certeza y proporcionalidad en el pacto fiscal como algo sustantivo, no como una campaña publicitaria de un pequeño aspirante a dictador, reflejo estatal del voluntarismo federal.
Jalisco, como expresión inmediata de la patria, amerita que los actos de su administración pública dejen de responder a la fotografía del instante y después de la sonrisa se pongan a trabajar para atender lo profundo y no solo lo cosmético.
Esa Patria en la que el Ejército es la institución encargada de su defensa, no los albañiles de las obras faraónicas, los maquinistas de los trenes, los encargados del cobro de contribuciones en fronteras y puertos; piquetes de soldados que están en cada esquina, en cada jardín de pueblo, no para protegernos sino para controlarnos, para ver que nuestra libertad no moleste. Urge esta patria en la que los soldados y marinos se ciñan a las funciones que las leyes les señalaban antes de que fueran meros brazos de un Ejecutivo con vocación totalitaria, que pone hoy lastre y camisa de fuerza al desarrollo y crecimiento de los mexicanos en economía, en ciencia, en tecnología y en posibilidades de futuro.
Es la Patria una historia escrita por una multitud de plumas, no siempre de acuerdo; es una historia de héroes con defectos y de villanos con rasgos de humanidad; es generaciones de mexicanos que hablan español, que reconocen la grandeza de las civilizaciones prehispánicas, pero también entienden que la arquitectura colonial, que la poesía de Sor Juana, que la minería y la bonanza de 300 años generó progreso y desarrollo en muchas regiones de México.
Esa Patria que no reniega de su pasado porque lo reconoce como cimiento del futuro, que estudia y juzga, que aprende, pero trata de comprender, cuestiona, pero no cancela, valora, pero no descalifica, en una dinámica de héroes y villanos, de una dinámica de santos y demonios. Asume que cada uno de los personajes cuyos nombres llenan los libros, a su modo y desde su intención, hizo lo que pudo por mejorar su patria, y si tuvo otras intenciones, es la debilidad humana la que lo impulsó.
Es así que entiendo el relanzamiento panista y tengo la confianza y esperanza de que sea posible, porque los actos en primera instancia de la dirigencia del partido en Jalisco y la dirigencia nacional, han mantenido una forma congruente con estos planteamientos, por ello he recuperado el optimismo sobre la vida política, porque existen opciones y alternativas… Espero que sean muchos los ciudadanos que atiendan este llamado; mientras tanto, está en los panistas, desde las dirigencias y los gobiernos hasta los militantes, que la ciudadanía encuentre los espacios y las respuesta que merece y requiere ante la gravedad de la situación en que el desgobierno actual tiene sumido a México entero.