beatriz-paredes-y-simpatizantes
Alfonso Javier Márquez
 

La cosa está clara: o toman cartas en el asunto los verdaderos actores principales del PRI o se los va a cargar la desgracia.

Los actores principales del Partido Revolucionario Institucional sin discusión alguna son a quienes los ciudadanos legitimaron apenas hace poco mas de un mes a través del voto.

No hay discusión, los actores principales, los que tienen que decidir el futuro de su partido y su papel, tienen que ser los presidentes municipales electos, los diputados federales y los locales, en ese orden. Son los que la gente favoreció el 5 de julio y ese simple hecho les da ese derecho y la legitimidad.

El PRI está en un momento muy importante tras quince años de estar fuera de las preferencias de los ciudadanos. Tienen que entender los viejos priístas que si la gente no votaba por ellos, es porque no los quiere. No pueden aferrarse a secuestrar al partido que no pudieron sostener en su momento. Rafael González Pimienta, el actual encargado del despacho debería ser el primero en entenderlo porque a él paradójicamente le tocó entregarle el estado a los gobernantes del PAN cuando la gente los echó de las esferas del poder contundentemente.

El PRI ganó las principales presidencias municipales el cinco de julio. Las ganaron casi puros políticos jóvenes que existían en los carteles políticos de aquella época cuando perdieron.  Los ganadores son los que tienen que decidir quien debe dirigir a su partido porque lo que está en juego no es únicamente el papel de las nuevas autoridades, sino el principio de la lucha por la sucesión del gobierno del estado, entonces, ¿Por qué tendrían que cederles el espacio a los viejos políticos que perdieron en 1994?.

Si los priístas electos no asumen esa postura de líderes morales naturales estarán dejando ir una gran oportunidad para construir el nuevo partido que la gente dijo querer el cinco de julio pasado. Si lo entregan de nuevo a quienes en su momento lo perdieron será tanto como querer volver a perder.

El PRI puede entrar en una crisis que los puede volver a llevar a la división y la derrota si no se acomoda cada quien donde tiene que estar. Para ser claros, los viejos priístas deben ocupar el sitio que les corresponde como líderes morales, consejeros y asesores de los nuevos políticos y no en la dirigencia y control de las decisiones de ese partido. Los que serán los nuevos gobernantes, deber controlar las decisiones del organismo y decidir a quien quieren que les maneje el instituto político con miras a recuperar lo que aun no han recuperado del todo: la confianza de la sociedad.