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Julio César Hernández
Quitado de la pena del desgarriate que generó en Iztapalapa al “dar a luz” al ahora delegado en funciones Rafael Acosta, a quien él mismo bautizó como “Juanito”, Andrés Manuel López Obrador continúa con su gira por el país y el próximo lunes estará acá en Guadalajara, en reuniones privadas, según nos adelanta el diputado federal Enrique Ibarra Pedroza.
En su afán de no perder el control de una delegación tan importante, con un buen número de ciudadanos y el presupuesto más alto de todas las delegaciones, López Obrador no tuvo empacho en llevar a cabo de esas maniobras que sabe hacer y le salen muy bien para su provecho, luego de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación le canceló el registro a su candidata Clara Brugada, a quien se empeñó en imponer en el gobierno, creando a su “criatura” que dejó al garete y  que hoy ya no saben cómo pararlo.
Ya la historia de “Juanito” es más que sabida, pero ahora se inicia otra con la llegada de Rafael Acosta como gobernante de Iztapalapa, derecho que se ganó al obtener -“haiga sido como haiga sido”- la mayoría de votos.
Pero para López Obrador eso no le quita el sueño. Su ambición de poder lo lleva a hacer eso y más.