Primero le organizó una comida con cervezas y botanas para “destaparlo” como precandidato de Movimiento Ciudadano a la presidencia de la República. Ocho días después, le organizó su propia fiesta -con globos gigantes y música- en la Explanada Cultural en Monterrey -para que realmente se sintiera precandidato presidencial, luego de realizar una ficticia “precampaña” electoral en la paradójicamente no tuvo contacto con ningún militante de Movimiento Ciudadano-, mientras él, muy orgulloso de su muchacho y mostrando sonrisas de satisfacción, se dedicó a tomarle fotos desde abajo del templete.

Esto fue lo que se apreció ayer en el evento que Jorge Álvarez Máynez encabezó en la “Sultana del Norte” y que pretendió ser un cierre de “precampaña” que estuvo muy lejos de ser como los que encabezaron quienes serán sus adversarias: Xóchitl Gálvez Ruiz, en la Arena Ciudad de México, y Claudia Sheinbaum Pardo, en el monumento a la Revolución. Lo del precandidato presidencial emecista fue más bien una “fiesta” entre amigos, “en casa”. Nunca fue una ceremonia del emecismo nacional.

Y a esa fiesta, por supuesto, no asistió ningún emecista jalisciense, ningún representante del Grupo Jalisco en Movimiento Ciudadano y mucho menos del alfarismo. Le hicieron “el vacío”. La relación de estos con Álvarez Maynez, su promotor Samuel García y el dueño del partido, Dante Delgado, está fracturada, por no decir que simplemente no existe.

Por supuesto que el gesto del zacatecano que llegó a la política, a Movimiento Ciudadano y a la Cámara de Diputados gracias a Enrique Alfaro y a Clemente Castañeda, para los jaliscienses fue recíproco: los ignoró. Lo más que se acercó a un reconocimiento fue cuando dijo que “no es casualidad que los estados que más prosperidad más crecimiento económica tienen son Nuevo León y Jalisco”. No más. Nada de reconocer al primer gobernador que tuvo MC. Nada de destacar la fuerza electoral del emecismo jalisciense. Seguro ya no se siente en deuda con ellos, pues encontró “cobijo”, primero, con Dante Delgado que lo hizo coordinador de la bancada naranja en la Cámara de Diputados, y, segundo, después con Samuel García que lo hizo precandidato presidencial.

En una palabra, Álvarez Máynez es hoy lo que es, gracias a la dupla Alfaro-Castañeda, luego a Delgado Rannauro, y posteriormente a la pareja Samuel-Mariana. ¿Qué ha hecho Jorge por méritos propios? Estar en el lugar indicado en el momento indicado. Nada más.

Claro, ahora los elogios fueron para sus anfitriones y “padrinos” regiomontanos:

“Para mí es un orgullo… para mí es un orgullo… para mí es un orgullo, que en este evento esté el político más destacado de su generación, que es nuestro amigo Dante Delgado (la verdad es al único político de esa generación que conoce); que estén los políticos que yo más admiro de mi generación, que son mi amigo el alcalde de Monterrey, Luis Donaldo Colosio (con apenas poco más de cuatro años de experiencia política -“con qué poca agua se ahoga”, dice el refrán-); y el que es mi amigo, el gobernador de Nuevo León, y ¡el que inició este movimiento! (pensé que se iba a bajar del templete y ponerse a sus pies), ¡Samuel García!”.

Pero su éxtasis llegó cuando mostrando su corta visión política dijo: “Pero, además, lo que la vieja política no comprende es que en este evento y en este proyecto… está la figura política más destacada de la nueva generación, la única de la nueva generación que existe en cualquier fuerza política de México y que es la próxima alcaldesa de Monterrey… ¡Mariana Rodríguez!”.

Así quedó de manifiesto, pues, la debacle de Movimiento Ciudadano en la carrera por la presidencia de la República, con un candidato que cree que Monterrey es todo México; que ve en la figura de su “destapador” a todo un “estadista” cuyo mayor logro fue entregarle unos tenis anaranjados; y que hace a un lado a quien considera el político “más destacado de su generación”.

Ahora entiendo por qué está enojado Enrique Alfaro… ¡Por Dios!