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Julio César Hernández
Llama la atención que en el comunicado de prensa emitido por la oficina de Comunicación Social del Gobierno del Estado la semana pasada, donde se da a conocer que el gobernador Emilio González Márquez solicitó el pasado 26 de marzo a la Suprema Corte de Justicia de la Nación que investigue respecto al asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y seis personas más, se haya hecho referencia a cuatro hipótesis sobre las causas del crimen, tres de las cuales ya fueron rebasadas en los trabajos de investigación realizados a lo largo de casi 12 años.
Llama la atención porque el secretario general de Gobierno, Fernando Guzmán Pérez Peláez ha participado directamente en las investigaciones y si bien no está convencido de la versión oficial de que el Cardenal fue asesinado en medio de la confusión, sabe que tres de las hipótesis referidas ya no tienen vigencia, pues son las que se abrieron prácticamente poco después del crimen.
De acuerdo al boletín, la PGR ha propuesto varias hipótesis, y menciona cuatro: la del fuego cruzado, la de la confusión del cardenal Posadas con “El Chapo” Guzmán, la de que se privó de la vida a las personas en un ambiente caótico y por la inercia de la confrontación y la del producto de la confusión generalizada en el escenario del crimen.
Si bien las dos últimas parecen ser la misma hipótesis, las dos primeras fueron desechadas en los primeros años de la investigación.
Es más, el 12 de junio del 2001 el gobierno del panista Vicente Fox reabrió el caso, con el Gral. Rafael Macedo de la Concha al frente de la PGR, con ocho líneas de investigación que al paso de los años se fueron desechando hasta quedar una sola con la que el caso fue enviado nuevamente a la reserva técnica.
Las ocho líneas con las que Macedo de la Concha reabrió el “Caso Posadas” fueron:

  • La supuesta presencia del jefe de la Policía Judicial, Rodolfo León Aragón.
  • Un avión militar escoltó a “El Chapo” Guzmán de Guadalajara al D.F.
  • La intervención telefónica al cardenal Posadas previo al crimen.
  • La intervención de la delegación del CISEN en las investigaciones.
  • Vuelos con personal de la PGR que arribaron a Guadalajara para apoyar la investigación antes de que ocurriera el crimen.
  • Los ejecutores materiales de Posadas fueron los ex comandantes Miguel Silva Caballero y Gustavo Luhrs Tijerina.
  • Supuestas amenazas del ex coordinador de asesores de la Presidencia, José Córdoba Montoya.
  • Supuesta vigilancia de la casa del Cardenal en Tlaquepaque, incluso desde un helicóptero.

A lo largo de los trabajos de investigación de la PGR, hasta antes de la renuncia de Macedo de la Concha en abril del 2005, nunca se pudieron comprobar las ocho líneas, aunque sí hubo elementos para desechar siete de ellas y quedar abierta la del presunto espionaje telefónico, en la que ya no se pudo avanzar más.
¿Por qué, entonces, solicitar la investigación de un crimen, partiendo de hipótesis sobre la causa del mismo ya desechadas, ya rebasadas por la misma investigación realizada en un sexenio panista?
Seguramente por las mismas razones que se insiste en la hipótesis del complot sin presentar elementos contundentes de prueba alguna.